Nuestros ídolos
Muchos, muchos años después, conocimos a uno de los compositores de algunas de las canciones de nuestra juventud. Entonces, había desaparecido como un fantasma dejando tras sí solo aquellas letras y melodías plagadas de sugerentes imágenes que invitaban a cerrar los ojos e imaginar el universo de aquel autor que entonces considerábamos un talento incomprendido. Un día, hace muchos, muchos años, simplemente se volatilizó. Se esfumó. Y durante todo ese tiempo nos preguntamos qué sería de él, qué estaría haciendo, a veces incluso indagamos lamentando la pérdida de su creatividad. Así que, tras tanto tiempo, conocerlo personalmente supuso una enorme alegría. Pero, ¡ay!, quien reapareció no era un fantasma ya sino un hombre. Un hombre que no solo era el reflejo un poco envejecido de aquel chaval que había sido, sino que tenía opiniones más allá del universo hermoso que entonces supo crear. Opiniones que nos lo revelaban como alguien con un talante más bien reaccionario, de estos que e...